Estimadas señoras y estimados señores:
Santiago, 22 de abril de 2026.- La madera ha acompañado la construcción de Chile desde sus orígenes. De norte a sur, ha dado forma a nuestras ciudades, a nuestros pueblos y a buena parte de la edificación pública que hoy reconocemos como patrimonio: escuelas rurales, estaciones de ferrocarril, edificios fiscales, iglesias y teatros. Durante el siglo XIX y gran parte del XX, la obra pública en Chile fue, en gran medida, una obra en madera. Y si bien esta tradición se perdió en tiempos más recientes, hablar hoy de construir el futuro en este material no es, entonces, una novedad, sino el reencuentro con una tradición profundamente nuestra, ahora renovada por la innovación, la ciencia y los desafíos de la sostenibilidad.
Así, por ejemplo, a inicios de este año, la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP) fue invitada a integrarse al Comité Asesor Público y Regional del Centro Nacional de Excelencia para la Industria de la Madera (CENAMAD). Esta instancia, financiada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), reúne al mundo público, la academia y la industria, con un objetivo común: avanzar hacia una construcción en madera más innovadora, sustentable y competitiva.
La misma Dirección de Arquitectura del MOP también participa en la “Mesa de la Madera” de la Región del Biobío, liderada por el Instituto Forestal (INFOR) y el Ministerio de Agricultura, e integrada por múltiples actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil, incluyendo a gremios como CORMA y la CChC. En esta mesa se busca
acordar medidas estratégicas que permitan impulsar la construcción industrializada de viviendas en madera y promover la reforestación.
En ambas instancias, desde el MOP aportamos experiencia técnica en áreas clave como la ingeniería de alto desempeño, diseño estructural resiliente —incluyendo el desafío de una normativa sísmica adecuada para la madera— y construcción sustentable en sistemas industrializados.
Pero éste no es solo un esfuerzo teórico. En Chile, la madera está presente en la obra pública: en nuevas edificaciones, en el arte público, en infraestructura y en la edificación patrimonial.
Así, por ejemplo, a través de la Dirección de Vialidad, el MOP desarrolla la conservación y reposición de puentes de madera, y utiliza soluciones mixtas —como barreras de contención metal-madera— especialmente en la zona austral. Asimismo, iniciativas como la Red Interlagos incorporan madera en miradores, paraderos y ciclovías, promoviendo un turismo sostenible con identidad local.
Por su parte, para la Dirección de Obras Portuarias, la madera tampoco es extraña. Muelles y atracaderos, especialmente en caletas pesqueras artesanales y zonas fluviales y lacustres del sur (Los Lagos, Aysén, Chiloé), saben de este elemento. Tradicionalmente la infraestructura portuaria menor —palafitos, pasarelas peatonales, miradores, pilotes, defensas— ha sido construida en madera nativa o impregnada.
En la última década, si bien los principales proyectos en madera se han concentrado entre las regiones del Biobío y Los Lagos, hay muchos ejemplos a lo largo del país:
- La restauración del Teatro Municipal de Iquique.
- La obra “La Isla”, de la Escuela Carlos Condell de La Serena, Coquimbo.
- El Teatro Regional del Biobío.
- La Escuela de Formación de Carabineros de Concepción, Biobío.
- La pérgola para productores indígenas de Galvarino, La Araucanía.
- La Biblioteca de Curarrehue, La Araucanía.
- La Universidad de Los Lagos, en Castro, Chiloé, Los Lagos.
- La restauración de la Iglesia Jesús Nazareno de Isla Caguach, Chiloé, Los Lagos.
- El Terminal de Buses de Coyhaique, Aysén.
Lo anterior, toda vez que el uso de madera en infraestructura pública permite:
a) Reducir emisiones y avanzar hacia la carbono neutralidad.
b) Mejorar la productividad con prefabricación y menor tiempo de obra.
c) Impulsar las economías regionales, fortaleciendo la cadena forestal-maderera.
d) Optimizar el uso de recursos y reducir los residuos.
e) La emisión de bonos verdes soberanos a través de la certificación CES, que permite al Estado endeudarse a tasas preferenciales (a modo de ejemplo, el 38% de nuestra segunda emisión con certificación CES correspondió a proyectos del MOP, principalmente edificios públicos sustentables).

La madera es parte de nuestra historia. Desde las oficinas salitreras en el norte, pasando por la arquitectura rural del centro de Chile hasta las iglesias de Chiloé —reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000— la madera ha sido un material fundamental en nuestra identidad constructiva.
Lamentablemente, durante décadas la madera quedó relegada frente a otros materiales. Pero hoy esa tendencia está cambiando. En el contexto de la crisis climática y de recursos cada vez más escasos, la madera ha dejado de ser una alternativa más y se está transformando en un actor relevante. El sector de la construcción genera cerca del 34% de los residuos en Chile. Frente a este escenario, avanzar hacia materiales más sostenibles no es solo deseable: es urgente.
Por eso, no es casual que estemos hoy aquí, en la residencia de la Embajada de Suecia en Chile, hablando de madera. Suecia ha logrado posicionarse como líder mundial en construcción en madera, con proyectos urbanos de gran escala y alto estándar tecnológico. Ejemplos como el barrio Cederhusen, en Estocolmo, o el Sara Kulturhus, en Skellefteå, demuestran que la madera no solo es una alternativa viable, sino que puede estar en el centro de la arquitectura contemporánea.
Para Chile, mirar estas experiencias no es solo inspirador: es necesario. Porque tenemos desafíos importantes. Contamos con una base forestal relevante, pero aún enfrentamos brechas en industrialización, en estandarización de productos estructurales y en encadenamiento productivo. Necesitamos fortalecer la conexión entre pymes, industria, diseñadores y el Estado, y avanzar en marcos normativos que reconozcan las particularidades de la madera como material estructural. La academia y los centros de innovación han dado pasos significativos. Pero este es un desafío que requiere una acción coordinada y efectiva colaboración público-privada ya que el desarrollo de la construcción en madera no ocurrirá de manera espontánea. Requiere decisión, colaboración y visión de largo plazo.
En este sentido, el MOP ha impulsado las siguientes cuatro medidas para fomentar el uso de la madera en infraestructura pública:
i. Industrialización: promoviendo la producción de madera estructural certificada y estandarizada.
ii. Fortalecimiento normativo: participando en la actualización de normas de incendio y sísmicas.
iii. Formación de especialistas y adopción de metodologías como BIM.
iv. Incorporación de mecanismos que permitan la prefabricación y el pago por avance en fábrica.
Ése es el camino que queremos impulsar desde el Ministerio de Obras Públicas. Construir un futuro en madera es, en el fondo, volver a confiar en lo que la tierra chilena produce y en lo que nuestras manos saben hacer. Suecia nos muestra que es posible hacerlo a gran escala y bajo los más altos estándares. A nosotros nos corresponde tomar ese camino con decisión, ajustarlo a nuestra geografía, a nuestra gente, a su historia, y avanzar. Que la madera vuelva a estar en el corazón de la obra pública chilena no es solo una meta técnica: es un compromiso con nuestras regiones, con nuestros bosques y con el país que queremos dejar. Agradezco a todos quienes hoy nos acompañan, por caminar con nosotros en esta dirección.
Muchas gracias.



